13 de enero, Día Mundial de la lucha contra la Depresión
La depresión no es solo una realidad de la edad adulta. También puede afectar a niños y niñas, a menudo de manera silenciosa y con síntomas que se confunden con “etapas” o problemas de conducta. En el marco del Día Mundial de la Depresión, el 13 de enero, profesionales de salud mental infantil de la Fundació Hospitalàries Martorell alertan sobre la importancia de detectarla precozmente y ofrecer un abordaje integral que implique a la familia, la escuela y los especialistas.

El impacto en el ámbito familiar, escolar, relacional o incluso en la salud física es un indicador clave.
Señales de alerta: más allá de un mal día
Desde la psicología, Anna Romera Pérez, también del CSMIJ Molins de Rei, subraya que la diferencia entre un mal momento y un posible trastorno depresivo radica principalmente en la duración y la intensidad. “Un niño puede tener una semana mala, pero si durante un mes deja de querer realizar actividades que antes disfrutaba, se queja cada mañana de dolor de barriga y en la escuela lo notan ausente o triste, ya no hablamos de un cambio pasajero, sino de una posible señal de alerta”.
Entre los primeros indicadores se encuentran el retraimiento social, la irritabilidad persistente, la pérdida de interés por el juego, las quejas físicas repetidas, las alteraciones del sueño y del apetito o una disminución del rendimiento escolar.
¿Cuándo es necesaria la medicación?
La prescripción farmacológica en la infancia sigue generando dudas. La Dra. Sánchez aclara que nunca es la primera ni la única opción. “La medicación se valora en casos de depresión moderada o grave, cuando los síntomas son muy limitantes o no hay una mejora suficiente con la psicoterapia”, señala. Y añade un matiz clave: “La medicación nunca sustituye el trabajo psicológico, sino que forma parte de un abordaje integral”.
Expresar lo que no se puede decir con palabras

El papel del adulto también puede ser muy útil. “Veo que te escondes bajo la mesa y no quieres hablar… puede ser que estés asustado o triste?”, ejemplifica la psicóloga. Poner palabras a lo que se observa, sin juzgar ni presionar, ayuda al niño a identificar y validar lo que siente.
Familia y escuela: piezas clave del tratamiento
“La coordinación es una parte esencial del trabajo en salud mental infantil”, afirma la Dra. Sánchez. Psiquiatras y psicólogos mantienen una comunicación continuada, y en los niños más pequeños el trabajo clínico siempre va ligado a la familia. Cuando es necesario, también se establece contacto con la escuela, especialmente si el malestar afecta el rendimiento o la convivencia.
Para Romera, la familia es “un pilar protector clave”. No se trata de hacer intervenciones extraordinarias, sino de garantizar una presencia estable, rutinas previsibles y una escucha sin juicios.
“Si un niño está más apático o irritable, puede ayudar que la familia mantenga los horarios habituales, ofrezca espacios tranquilos para hablar (“cuando quieras explicarme cómo te sientes, yo estoy”) y evite interpretaciones moralizantes (“esto lo haces para llamar la atención”). Esta coherencia y calidez es uno de los factores que más favorece la recuperación”, destaca.
Cómo afecta la depresión al sueño
El sueño es uno de los ámbitos donde más claramente se manifiesta la depresión infantil, y a menudo es también uno de los primeros motivos de consulta de las familias. Las alteraciones del descanso pueden adoptar formas muy diversas y no siempre responden a problemas de hábitos o límites.
Tal como explica la psicóloga Anna Romera, “la depresión puede alterar el sueño de maneras muy diferentes”. Algunos niños presentan dificultades para dormirse o se despiertan varias veces durante la noche, mientras que otros muestran un exceso de sueño, con gran necesidad de dormir y dificultades para levantarse por la mañana.
En la infancia, estas alteraciones suelen ir acompañadas de pesadillas y quejas físicas recurrentes a la hora de acostarse. No es raro que el niño vuelva a pedir dormir con los padres, tenga miedo a quedarse solo o alargue mucho el momento de ir a la cama.
Estas conductas, advierten los profesionales, no deben interpretarse como simple resistencia o desobediencia, “sino como una manera de mostrar un malestar emocional que no sabe expresar de otra forma”, explica la psicóloga.
Consecuencias de no actuar a tiempo

La investigación muestra que no hay una única terapia mejor para todos los casos de depresión infantil. La terapia cognitivo-conductual es la más estudiada, pero también han demostrado eficacia la psicoterapia psicodinámica breve, la terapia interpersonal, la terapia familiar y la terapia de juego en niños pequeños. Lo clave es adaptar la intervención a la edad, al momento evolutivo y a las necesidades del niño o niña y de su familia.

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