La Fundación Hospitalarias Martorell tiene la suerte de formar parte de «Ritmes en companyia», un programa de musicoterapia financiado por el Gran Teatre del Liceu e impartido por la musicoterapeuta Mercè Mateo. La iniciativa consta de ocho sesiones de una hora y se lleva a cabo en las Unidades de Diversidad Funcional y Psicogeriatría, con el objetivo de promover el bienestar emocional, la expresión personal y la cohesión grupal a través de la música.
El pasado 16 de julio pudimos entrar en una de las sesiones, que empezó con la presentación de un pictograma que anticipaba la estructura de la actividad. Esta herramienta ayuda a reducir la incertidumbre y generar un entorno más seguro y confortable para las personas participantes. A continuación, cada uno escogió y tocó un instrumento musical, una primera actividad pensada para favorecer la conexión con el propio estado emocional y compartir con el grupo cómo se sentía.

Posteriormente, los y las participantes eligieron varias canciones y asumieron un papel protagonista en el desarrollo de la sesión. Con el fin de reforzar la toma de decisiones, la autoconfianza y la participación activa, cada persona pudo liderar durante unos minutos tanto al grupo como a la coreografía asociada a las piezas musicales seleccionadas.
En la unidad de Psicogeriatría, esta propuesta tuvo un impacto especialmente emotivo. Las canciones escogidas despertaron recuerdos vinculados a la juventud ya diferentes etapas vitales de los y las participantes, favoreciendo momentos de reminiscencia y de conexión con experiencias significativas.
Por su parte, en la Unidad de Diversidad Funcional, el grupo vivió una experiencia creativa muy especial con la composición y grabación de una canción propia. Uno de los participantes improvisó varios versos que se incorporaron a la pieza, generando un ambiente distendido, lleno de risas y complicidad.
La sesión finalizó con una rueda de valoración emocional. Las personas que al inicio se mostraban nerviosas expresaron sentirse más relajadas, mientras que aquellas que habían manifestado sentimientos de tristeza destacaron la diversión, autoexpresión y bienestar que les aportó la actividad. En conjunto, la jornada contribuyó a reforzar la conexión con uno/a mismo/a y con el grupo, y muchas de las personas participantes manifestaron su deseo de poder repetir experiencias como ésta con mayor frecuencia.

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