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El dosier Mirades identifica barreras en el acceso de las personas mayores a los recursos especializados y plantea avanzar hacia un modelo que integre salud física, salud mental y atención social
Una de cada cinco personas de más de 60 años tiene un problema de salud mental o neurológico. Esta es una de las principales alertas que pone sobre la mesa el informe Mirades: Respostes als reptes de la salut mental en les persones grans, un trabajo elaborado por la plataforma Som Salut Mental 360 y coordinado técnicamente por el Parc Sanitari Sant Joan de Déu y la Fundació Hospitalàries.
El documento, que ha contado con la participación de 16 profesionales expertos en psicogeriatría y atención intermedia, analiza cómo el aumento de la cronicidad, la fragilidad y el deterioro cognitivo asociados al envejecimiento hacen indispensable adaptar los modelos de atención actuales hacia respuestas más integradas y coordinadas.
Según los datos recogidos en el estudio, los trastornos depresivos afectan a entre un 10 % y un 15 % de las personas mayores, mientras que la ansiedad alcanza el 17 %. Además, se estima que el 42 % de las personas de más de 55 años desarrollarán algún tipo de demencia a lo largo de su vida, una previsión que evidencia la necesidad de anticipar las necesidades asistenciales del colectivo.
Vulnerabilidades sociales y barreras de acceso
El informe también pone el foco en el impacto de los factores sociales sobre el bienestar emocional. Una de cada tres personas mayores experimenta soledad no deseada y más de 850.000 personas de más de 80 años viven completamente solas en España. A esta situación se añaden las pérdidas personales, la pérdida de autonomía y el efecto combinado del edadismo y el estigma, unos elementos que a menudo dificultan la demanda de ayuda. Paralelamente, las cifras de suicidio reflejan esta vulnerabilidad, ya que el 32 % de las muertes por esta causa corresponden a personas mayores de 65 años.

Entre las dificultades del sistema actual, el dossier señala la falta de profesionales especializados en psicogeriatría, las barreras de acceso a determinados recursos rehabilitadores por comorbilidades físicas y las complicaciones para garantizar la continuidad asistencial cuando una persona pasa a vivir en un recurso residencial.
Hacia un modelo de atención integrado y de anticipación
Ante esta realidad, los expertos concluyen que el reto no pasa solo por disponer de más recursos, sino por conectar mejor los que ya existen y organizar la atención alrededor de las necesidades de cada persona. Esto implica integrar la salud física, la salud mental y las necesidades sociales, reforzando la coordinación entre la Atención Primaria, la Atención Intermedia, la Salud Mental y los servicios sociales.
En este sentido, el Dr. Pedro Roy, psiquiatra y director gerente de la Fundació Hospitalàries Barcelona Nord, defiende la necesidad de «superar una respuesta exclusivamente reactiva y avanzar hacia un sistema con más capacidad de prevención, detección precoz y anticipación».
Puede descargar el informe completo en la plataforma Som Salut Mental 360.

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