El 30 de marzo es el Día Mundial del Trastorno Bipolar, un trastorno que afecta a más de 40 millones personas en todo el mundo y que se caracteriza por la inestabilidad emocional: las personas pasan de la depresión a la euforia o manía, con una frecuencia e intensidad variables, y con periodos intermedios de estabilidad.
En Fundación Hospitalarias abordamos el trastorno bipolar desde un enfoque de atención integral centrada en la persona, lo que implica acompañarla de forma continua y cercana a lo largo del tiempo. Sabemos que el trastorno bipolar puede presentar una evolución compleja y, por eso, ofrecemos una atención especializada que tiene en cuenta no solo las necesidades clínicas, sino también el cuidado del entorno familiar. Además, formamos continuamente a nuestros equipos para garantizar siempre una respuesta profesional de calidad y, ante todo, humana.
Hemos hablado sobre este trastorno con el doctor Manuel Sánchez Pérez, psiquiatra especializado en trastorno bipolar y psicogeriatría en la Fundació Hospitalàries Martorell.
1. Para empezar, cuéntenos un poco sobre su trayectoria profesional. ¿Qué le llevó a especializarse en el trastorno bipolar?
Mi interés por el trastorno bipolar viene del trabajo específico en mi área de especialización: la salud mental de las personas mayores. En este grupo de población el trastorno bipolar tiene unas manifestaciones clínicas y evolutivas y una complejidad para su tratamiento, que llamaron mi atención y me llevó a dedicar a este problema una buena parte de mi trabajo.
2. ¿Cuáles son esas características específicas en las personas mayores?
Existe una alta frecuencia de los primeros episodios maníacos después de los 65 años. Y, en nuestra experiencia, existe un riesgo elevado de evolución a demencia. Además, los episodios maniacos a estas edades presentan mayor disforia (sentimientos negativos, malestar general) e irritación. Y la situación a la que suelen llegar en la última etapa de sus vidas, a menudo, es difícil. Son frecuentes las separaciones, abandonos familiares o ingresos en residencias.
3. ¿Existen factores que influyen en el desarrollo de este trastorno?
La mitad de los casos de trastorno bipolar se inician antes de los 30 años, pero hasta un 10% puede debutar después de los 50 años.
Existe un amplio consenso acerca del origen biológico de esta enfermedad, con una base genética que confiere vulnerabilidad a las personas portadoras, y sobre las que pueden incidir factores de estrés muy variados, incluyendo situaciones vitales adversas, consumo de sustancias u otras, que pueden actuar como desencadenantes de la enfermedad.
Tener un familiar de primer grado con trastorno bipolar puede incrementar el riesgo de padecerlo. La tasa de incidencia es similar en hombres y mujeres, aunque el llamado trastorno bipolar tipo II es más frecuente en las mujeres. En este tipo de trastorno el paciente ha sufrido, al menos, un episodio depresivo mayor y, como mínimo, un episodio hipomaníaco (variante menos extrema de la manía), pero nunca un episodio maníaco.
4. En el día a día, ¿cómo impacta el trastorno bipolar en la vida de quienes lo padecen y en su entorno cercano?
En general, el impacto en la vida personal y familiar de las personas con bipolaridad es elevado. Depende del número, la severidad y la duración de las fases depresivas, generalmente más prolongadas, y de los periodos de euforia, que si son intensos pueden requerir hospitalización, al igual que los episodios graves.
Algunos pacientes presentan lo que se denominan ciclos rápidos, en cuyo caso presentan varias fases depresivas y maníacas en un periodo relativamente breve (por ejemplo, varias de ellas en el mismo año). La mayor parte de los enfermos pasan por periodos intercríticos (que se dan entre dos episodios agudos) en los que pueden vivir con práctica normalidad. Pero el número de episodios sufridos a lo largo de la vida puede producir cierto deterioro funcional o, incluso, cognitivo.
Las personas que comparten su vida con un enfermo bipolar, también se encuentran expuestas a unos niveles de estrés elevado que pueden llegar a afectar a su salud física, emocional y psicológica.
5. ¿Es fácil identificar la bipolaridad? ¿Cuáles son las señales de alerta?
Las fases de depresión, cuando el paciente aún no ha sido diagnosticado de bipolaridad, se asemejan a otras depresiones recurrentes unipolares (sin fases maníacas entremezcladas): tristeza, desinterés, apatía, falta de energía, alejamiento del contacto social, ideas de muerte y, en ocasiones, intentos de suicidio.
Las fases maníacas se reconocen ante episodios de insomnio, en los que el paciente precisa dormir muy poco, sin agotarse; hiperactividad, gran productividad de ideas; planes o proyectos: lenguaje y pensamiento acelerados; tendencia a exponerse en público con escaso control social; conductas arriesgadas (gastar dinero sin control, vestir de forma inadecuada); exceso de familiaridad en el trato; tendencia combativa cuando se le intenta reconducir; jocosidad; irritabilidad y, en ocasiones, ideas extrañas o de contenido delirante.
6. En los últimos años, ¿cómo ha evolucionado el tratamiento del trastorno bipolar? ¿Existe una posibilidad de cura?
Una parte muy importante, aunque no la única, del tratamiento del trastorno bipolar lo constituye los psicofármacos, especialmente los denominados estabilizadores del ánimo, entre los que se encuentran diferentes sustancias con actividad antiepiléptica, o las sales de litio, uno de los tratamientos más antiguos y eficaces en la psiquiatría.
También son de uso frecuente los fármacos antipsicóticos en sus diversas modalidades y, en ocasiones, sobre todo en fases depresivas muy graves, la terapia electroconvulsiva.
Por otro lado, son de gran ayuda las terapias psicológicas y las orientadas a saber convivir mejor con la enfermedad, la psicoeducación de pacientes y familiares, y poder reconocer anticipadamente los cambios de fase para adaptarse a ellos.
A día de hoy, no existe un tratamiento curativo de la enfermedad, pero los tratamientos y terapias disponibles, así como la importancia de llevar una vida libre de riesgos (consumo de tóxicos, vida desordenada, estrés, etc.), consiguen mantener una calidad de vida muy aceptable en muchos pacientes.
7. Todavía hay muchos mitos en torno a la bipolaridad. ¿Cuáles son los más comunes? ¿Ha influido el cine negativamente?
Algunos mitos que rodean al trastorno bipolar lo identifican con estados de genialidad en los que la persona produce muchas ideas brillantes e, incluso, abogan por no tratar esas fases y dejar que el paciente las siga experimentando. Esto es un gran error ya que, aunque la apariencia sea de un gran estado creativo, científico, literario o artístico, en realidad está mostrando un estado altamente patológico que, antes o después, le llevará al polo contrario, con gran experiencia de sufrimiento cuando transitan hacia la desaparición de esos estados excesivos en los que el paciente ha experimentado una gran autoestima y una alta valoración de las propias capacidades, aunque sin capacidad de autocrítica.
El cine a menudo ha llevado a la gran pantalla numerosas producciones basadas en las enfermedades mentales o en enfermos reales. En general, cuando los guiones tratan con respeto esta difícil realidad, contribuyen de hecho a un mejor conocimiento y difusión entre la población general de los problemas de salud mental. Algunos films se centran específicamente en la enfermedad bipolar y se han acercado a ella con bastante fidelidad, como, por ejemplo, la película Mr. Jones (1993).
8. Desde su experiencia, ¿cree que la sociedad está ahora más sensibilizada con la bipolaridad? ¿Y el sector médico?
Afortunadamente, el conocimiento de la enfermedad mental y de sus implicaciones entre la sociedad en general y, también en el sector sanitario, han mejorado significativamente en los últimos años, especialmente tras la experiencia que supuso la pandemia por el COVID-19.
Esto no significa que haya desparecido todo el estigma que rodea a las enfermedades mentales en general y al trastorno bipolar en particular. La singularidad de sus manifestaciones clínicas, especialmente en las fases maníacas, puede generar cierto desconcierto y rechazo en los entornos familiares, sociales o laborales que, desgraciadamente, pueden impactar negativamente en la evolución de algunos pacientes con trastorno bipolar.
9. ¿Qué le diría a alguien acaba de recibir un diagnóstico de trastorno bipolar? ¿Y a sus familiares y entorno?
Ante todo, debe sentir la cercanía de los suyos y la disponibilidad de las personas, especialistas y otros profesionales de la salud que le van a atender. No es infrecuente que lleguen a sentir sentimientos de culpa, especialmente si vivieron una fase maníaca en la que mostraron comportamientos inadecuados en público que, después, pueden avergonzarles.
Recibir un diagnóstico de trastorno bipolar puede ser una experiencia dolorosa, a veces precedida de un tiempo de incertidumbre mientras se evalúan las exploraciones necesarias para confirmarlo. Es fundamental que el paciente sienta que no está solo, a pesar de que la noticia del diagnóstico implica aceptar su cronicidad. Y es importante que el paciente tenga la seguridad de que va a recibir ayuda profesional continuada y el apoyo de familiares y amigos.
10. En la Fundación Hospitalarias, trabajamos desde el enfoque de una atención integral centrada en la persona. ¿Cómo se aplica este modelo en el tratamiento del trastorno bipolar?
Pues, precisamente, haciendo realidad esa necesidad de soporte y disponibilidad continuados ante un paciente que, probablemente, pasará por muchas vicisitudes, de signo contrario, durante mucho tiempo después del diagnóstico.
Aunque pase por periodos de estabilidad, cualquier nueva crisis se hará más difícil de gestionar si el paciente no siente la cercanía de quienes pueden ayudarle una vez más. Apostar por el mejor conocimiento y la mejor preparación profesional para atenderles es la mejor muestra de nuestro empeño por tratar de forma integral al paciente bipolar y a su entorno, cualidades que han estado, están y estarán siempre en el ánimo de los profesionales de Fundación Hospitalarias.