Un repàs a la detecció precoç, la gestió de les alteracions de conducta i la importància del vincle afectiu amb motiu del Dia Mundial de l’Alzheimer
Con motivo del Día Mundial del Alzheimer (21 de septiembre), la Fundació Hospitalàries Martorell quiere poner el foco en la dimensión clínica y humana de esta enfermedad, abordando tanto las primeras manifestaciones como los fenómenos conductuales y de comunicación que acompañan a su evolución. El Dr. Juan Carlos Cejudo, coordinador de la Unidad de Deterioro Cognitivo y Demencias del centro, analiza los aspectos clave que caracterizan este proceso y su repercusión en el entorno familiar.
Diferenciar las primeras señales del envejecimiento
El inicio de la enfermedad de Alzheimer suele ser progresivo y, en muchas ocasiones, los primeros síntomas se confunden con el deterioro propio de la edad. Como señala el Dr. Cejudo, la pérdida de memoria reciente suele ser el indicador más claro, cuando la persona presenta dificultades para retener información inmediata -como conversaciones o hechos del mismo día- mientras mantiene intactos los recuerdos de hace décadas. Según el experto, este proceso se acompaña a menudo de alteraciones en el lenguaje, tales como detenerse a mitad de frase por no encontrar la palabra adecuada, desorientación en itinerarios habituales, complicaciones para gestionar tareas cotidianas como el dinero o los electrodomésticos, y cambios en la esfera afectiva con la aparición de apatía o aislamiento. La identificación de estos indicios es fundamental para un diagnóstico precoz que permita planificar la atención e iniciar intervenciones tempranas.
La complejidad de las alteraciones de conducta
A medida que la patología avanza, el deterioro cognitivo suele ir acompañado de síntomas psicológicos y conductuales complejos. Situaciones como la agresividad, los intentos de deambulación por desorientación, la repetición sistemática de ideas, la alteración del ritmo del sueño o la resistencia a las actividades de autocuidado generan un fuerte impacto en la convivencia. El Dr. Cejudo enfatiza que estas reacciones no responden a una voluntad de la persona, sino a la pérdida de la capacidad de procesar el entorno y de expresar la confusión. Desde la Unidad se observa que la mejor respuesta pasa por evitar la confrontación directa, ya que la pérdida de lógica hace inviable el razonamiento complejo, simplificar los estímulos ambientales, mantener rutinas estructuradas y redirigir la atención hacia actividades de interés.
Nuevas vías de comunicación y la memoria emocional
Esta progresión altera profundamente los canales verbales, haciendo necesario adaptar la manera de interactuar. El uso de frases breves, un tono de voz pausado y el contacto visual directo facilitan la comprensión y reducen la sensación de amenaza. Asimismo, el Dr. Cejudo recuerda que la validación emocional debe imponerse a la búsqueda de la verdad objetiva: atender al sentimiento subyacente de miedo o añoranza resulta mucho más eficaz que corregir los datos erróneos del discurso. En este sentido, el especialista destaca que la capacidad de percibir afecto, seguridad y ternura se mantiene incluso en las fases más avanzadas. A diferencia de otras funciones cognitivas, la memoria emocional perdura, haciendo que la música de la infancia, la gestualidad relajada y el contacto físico continúen actuando como puentes de conexión esenciales.
El acompañamiento al entorno familiar
Finalmente, el Dr. Cejudo destaca que el procesamiento de esta enfermedad supone una labor sostenida y exigente para los cuidadores principales. En este contexto, remarca el papel esencial de los grupos de apoyo guiados por profesionales de la salud mental. Estos espacios permiten romper el aislamiento, ofrecen un entorno de expresión emocional libre de juicios, favorecen el intercambio de experiencias prácticas entre iguales y recuerdan la necesidad fundamental de cuidar de la propia salud para poder sostener los cuidados a lo largo del tiempo.

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