Montse Aguilera acompaña a usuarios de la Fundació Hospitalàries Martorell a partir de su propia vivencia, rompiendo la rigidez clínica y el autoestigma a través del modelo ‘peer-to-peer’.
Un café, un paseo por la montaña o una sesión de pintura. Fuera de la rigidez de los despachos y de los roles clínicos tradicionales, la figura del agente de acompañamiento mutuo (peer-to-peer) se abre paso en Cataluña. Entramos en la Unidad Funcional de Recuperación y Proyecto de Vida de la Fundació Hospitalàries Martorell de la mano de Montse Aguilera para descubrir cómo la experiencia en primera persona se convierte en una herramienta terapéutica humana y empoderadora.
Imaginad una terapia donde no hay batas blancas ni mesas de por medio. Imaginad que el tratamiento consiste, simplemente, en salir a tomar un café o a caminar por la montaña con alguien que os escucha y os comprende porque, hace unos años, estuvo exactamente en la misma posición que vosotros: en una cama de hospital, sufriendo una crisis emocional profunda o luchando contra el peso del autoestigma.
Esta es la labor diaria de Montse Aguilera, agente de apoyo mutuo -también llamado peer-to-peer- en la Fundació Hospitalàries Martorell. Montse conoció la salud mental desde el otro lado hace 25 años, cuando de joven sufrió una crisis que derivó en la necesidad de atención psiquiátrica y varios ingresos hospitalarios. Hoy, tras un proceso de recuperación y una formación específica, utiliza esa mochila vital para acompañar a otras personas que transitan por el mismo malestar psíquico.
¿Qué es un agente ‘peer-to-peer’?
Dentro del engranaje de un hospital de salud mental, los roles están muy definidos: psiquiatra, psicólogo, educador social, enfermería… El agente de apoyo mutuo no viene a suplantar ninguna de estas funciones clínicas, sino a aportar algo que seguramente ningún título universitario puede validar: la experiencia vivida.
«El rol del peer-to-peer, entendido a nivel profesional, trata de acompañar desde esa mutualidad, esa horizontalidad, a otras personas que, como yo, también tienen unas vivencias en lo que se llama el malestar emocional o psíquico relacionado con un trastorno mental», explica Montse Aguilera.
La clave de este perfil es, precisamente, esta horizontalidad. Se elimina la distancia jerárquica. No se trata de un «experto» que alecciona a un enfermo, sino de dos personas que miran un problema de tú a tú, compartiendo un lenguaje común “nacido del sufrimiento compartido.”
Romper las cuatro paredes del despacho
El día a día de Montse en la Fundació Hospitalàries Martorell combina los acompañamientos individuales y los grupales, donde se integra de lleno con el resto de profesionales de la unidad en talleres o salidas. Pero si algo caracteriza su trabajo es la flexibilidad y la capacidad de adaptación a las necesidades del usuario, huyendo de los protocolos más rígidos de un hospital. «Trabajamos individualmente y nos adaptamos: ¿qué te apetece? ¿Vamos a un bar? ¿Podemos ir a caminar o a la montaña? No es una sesión de despacho; la idea es conseguir que la persona se sienta cómoda», relata.
Este acompañamiento genera un espacio libre donde se busca explorar qué motiva a la persona y qué retos quiere asumir para rediseñar su proyecto de vida. Un proceso que, además, es bidireccional. Montse recuerda con una sonrisa el caso de una usuaria a la que acompaña y que tiene un gran talento artístico: «Ella me ha enseñado a mí técnicas de pintura acrílica. Esto es recíproco, yo aprendo de ti y tú de mí. No es que yo esté en un punto mejor».
El valor de la esperanza desde dentro del hospital
Cuando una persona sufre una crisis fuerte y requiere un ingreso hospitalario, en muchos casos el mundo se le cae encima. Aparece el autoestigma: la vergüenza, la culpa y la sensación interna de que «ya no sirves para nada», recuerda Aguilera. Es precisamente en este momento crítico donde la presencia de Montse adquiere un valor añadido. Es una ventana abierta a la esperanza.
«Si a mí, años atrás, en mis ingresos hospitalarios, me hubieran ofrecido la oportunidad de conocer a otras personas que tal vez ya estaban en otro punto de mejora en su recuperación… habría sido muy diferente. Yo tenía mi propio autoestigma, de decir ‘ostras, no quiero que se sepa, qué vergüenza’… y conocer a personas con un sufrimiento similar me ayudó a conectar», reflexiona Aguilera mirando hacia atrás.
Aguilera asegura que ver que la persona que te acompaña ha estado en la misma situación que tú y hoy tiene un trabajo, está formada y tiene una vida plena, transforma radicalmente la perspectiva del usuario. Además, el peer-to-peer aporta una dosis de realismo que humaniza el proceso: la certeza de que la recuperación no es una línea recta y que las recaídas son una posibilidad real para todo el mundo, un hecho que se debe aceptar sin culpas ni frustraciones.
Un cambio de modelo necesario pero lento
A pesar de su éxito evidente, la incorporación de estos técnicos en acompañamiento mutuo en Cataluña es todavía incipiente. El perfil apenas ha aterrizado de manera oficial hace un par de años y actualmente solo funciona en algunas unidades pioneras, como la Fundació Hospitalàries Martorell, todavía lejos de experiencias como la de Francia, donde el modelo está plenamente consolidado con cientos de profesionales integrados en los hospitales públicos. El acompañamiento mutuo en salud mental es un modelo integrado en el Plan Director de Salud Mental y Adicciones, que apuesta por profesionalizar a estos agentes como Técnicos en Acompañamiento y Apoyo Mutuo (TeAM) dentro de los equipos.
Aguilera se muestra optimista y convencida de que estamos ante un cambio de paradigma en la salud mental, donde el paciente deja de ser un sujeto pasivo y pasa a liderar su propia recuperación a través de sus derechos y de su propia voluntad.
«Somos poquitos, pero ya se ha iniciado el camino. Espero que se vaya ampliando porque la salud mental es para todos y todos podemos tener estas cualidades para aportar a la comunidad», concluye.
El apoyo mutuo demuestra que la recuperación en salud mental no es un «traje de talla única que se receta en una consulta» como dice Aguilera. Es un camino que se hace a medida, respetando el ritmo de cada uno y recordándonos que, a veces, la mejor medicina es encontrar a alguien que se siente a tu lado para compartir el viaje desde una complicidad compartida.

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